Cuando se emigra, sólo se puede tener la certeza de todo cambiará, que todo será distinto a lo que se tiene por rutina, por costumbre. Ya no hay zona de confort a la que aferrarse, pues si no te adaptas al nuevo entorno no progresas. Se comienza a vivir, pensar y actuar con otro enfoque y todo se replantea desde otra perspectiva.
Hace ya un año que emigré a España. Tuve que hacerlo porque la vida de mi hijo dependía de ello. Es diabético insulinodependiente y en Venezuela no estaban ni están dadas las circunstancias para poder llevar una vida con esa condición de salud. Dejamos atrás familia, afectos, trabajo, comodidades; que pasan a un segundo plano porque lo importante es asegurar la calidad de vida de un chamo de 10 años que es tu mundo y por quien cualquier sacrificio se hace insignificante.
Tuvimos la dicha de ser acogidos por familiares que hacen ese primer choque de cultura más llevadero. Un apoyo que muchos de los que toman la decisión de emigrar lamentablemente no tienen. Hemos sido afortunados. He podido emprender y abrir mi propio negocio, cosa que jamás me había planteado en Venezuela.
Vivimos en Madrid, una ciudad imponente y vibrante, rica en historia y multicultural. Es muy palpable en el comportamiento de los españoles la herencia que ha recibido Venezuela como pueblo. Muchos guiños a nuestra forma de ser, pero aun así muy distintos.
Desde que llegué he tenido que ¨bajarle dos¨ al ritmo de vida. Aunque soy guariqueña, pasé más de la mitad de mi vida viviendo en Caracas. Siempre he tenido el ritmo caraqueño en todo lo que hago. Todo comienza temprano, sólo tienes una hora o si acaso hora y media para almorzar, los chamos pasan el día en el colegio, todo abre en horario casi corrido, llegas a las siete de la noche cansada a tu casa y a las nueve lo que quieres es poder irte a dormir. El mismo clima todo el año, playa a sólo cuarenta minutos, disponible también todo el año. Y como si fuera poco, el Ávila, imponente, al asomarte a tu ventana.
Ya no hace falta madrugar, pues los colegios inician sus actividades a las nueve de la mañana, los comercios en su mayoría abren a partir de las diez de la mañana, supermercados e instituciones públicas y de gobierno a las nueve de la mañana. Entre dos y cinco de la tarde prácticamente todo cierra porque es el tiempo de descanso para el almuerzo y la siesta. Los colegios despachan a los alumnos dos horas para el almuerzo. Se trabaja hasta las ocho de la tarde (para nosotros sería noche) y luego ir a por una caña hasta las diez de la noche. El prime time de la televisión es a partir de las diez y media, la hora de dormir está pasada la media noche.
Soy egresada de la Facultad de Farmacia de la ilustre Universidad Central de Venezuela. Hice una Maestría en Administración en el Instituto de Estudios Superiores en Administración (IESA) y por circunstancias, me atrevo a decir, del destino, mi vida profesional se ha desarrollado en el sector asegurador. Me inicié en Puerto Ordaz trabajando para un corretaje de Caracas. Luego de dos años regreso, y continuo mi formación, ocupando distintos cargos en varios ramos dentro de ese corretaje, empresa familiar con casi 60 años en el mercado asegurador. Fue mi primera escuela y le agradezco todo lo que me enseñó. Me retiro para irme seis meses a Estados Unidos y al regresar, inicio mi nueva etapa laboral en el equipo de José Luis Camejo, quién comenzaba operaciones en Caracas. Siempre estaré agradecida por la oportunidad de poder ver desde adentro el crecimiento de esta oficina. José Luis y Glamar han apostado por diferenciarse gracias a un servicio de primera, ética profesional y trabajo constante. Hacen de sus clientes un afecto más y los cuidan con el mayor mimo. Inculcan a su equipo de trabajo su mística y ese amor por lo que hacen, y la convicción de que cuando se pone empeño, cosas buenas suceden. Entendieron el paso que tenía que dar y me brindaron todo su apoyo. Ahora, desde Madrid, estoy para ayudarles en su expansión internacional.
El mercado asegurador en español tiene una gran trayectoria y un comportamiento totalmente distinto al venezolano. España tiene un sistema de salud pública de primera línea, de los mejores del mundo. Tener una póliza de salud sólo cobra sentido si se quiere disminuir tiempos de espera u optar por escoger un especialista en particular. A los extranjeros que siguen procesos de migración como familiar comunitario se le exige una póliza de salud, la cual no es renovada una vez se culmina el trámite. Los ramos más comercializados son los de auto y funerarios. Los ramos patrimoniales tienen una connotación similar a la que vemos en Venezuela. Existen coberturas para amparar situaciones de desempleo, que en este momento están siendo un alivio para cubrir, por ejemplo, cuotas del auto que compraste, por seis meses. También son comunes seguros de impago para cubrir a arrendatarios. Existe mucha venta telefónica y competencia feroz entre las aseguradoras o mutuas. Los bancos te ofrecen pólizas de salud o dentales al abrir una cuenta. No hay cabida para pólizas de salud internacionales para el mercado local.
Una de las claves para emigrar con éxito, en mi humilde opinión, está en entender que tu entorno no debe adaptarse a ti; eres tú quien debe amoldarse a la nueva realidad. Es un error no poner empeño en conocer como es el lenguaje local, buscar las palabras correctas para expresarte adecuadamente. No se trata de perder la identidad individual, sino de moldearte para hacer efectiva la integración y derribar cualquier barrera que te impida tener una migración exitosa. Se debe poner el mejor esfuerzo en entender los procesos sociales, económicos, educativos, culturales y legales. Se requiere de mucho esfuerzo, trabajo, dedicación. No es fácil pero tampoco imposible.
Lo que se aprende es la base para afrontar cualquier cambio. La formación académica siempre ha tenido un papel primordial en mi vida. La experiencia la vas ganando al rodearte de personas e instituciones que te nutran, que complementen tus conocimientos y amplíen tus capacidades. Crear un networking que te apalanque y te permita expandir tus ideas y lograr tus objetivos. Entender que un problema o necesidad puede convertirse en una oportunidad, sólo debes analizarlo desde otra perspectiva.

Rebeca Peraza Bolívar.
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