Mi primer trabajo en el mundo asegurador fue en el departamento de automóviles de Seguros Orinoco, en la ciudad de Caracas. Ese trabajo lo compaginé con el inicio de mis estudios en el Instituto Universitario de Seguros.

Una de mis materias del primer semestre fue Introducción al Seguro I. De los temas que comprendió el programa de dicha materia me quedó grabado de por vida uno en particular. Es algo que te hace ser la diferencia en este medio, que va de la mano con la educación recibida en casa. Es lo que conoce como “Máxima Buena Fe”.

La máxima buena fe es un principio básico que debe estar en todos los contratos de seguro, que obliga a las partes involucradas asegurado, asegurador y reasegurador a actuar entre sí con la mayor honestidad.

En el caso del asegurador, o compañía de seguros, la máxima buena fe se basa en suminístrarle al asegurado información clara, exacta, precisa y transparente de los términos en que se formalizará el contrato de seguros. Pensamos de inmediato en esas famosas letras pequeñas de los condicionados, que no suelen ser leídas por el asegurado pero que deben ser redactadas con la mayor claridad para ser entendidas de forma sencilla por los asegurados.

En el caso del asegurado, lo obliga a describir con toda claridad y transparencia la naturaleza del riesgo que desea asegurar, con la finalidad de que el asegurador, la compañía de seguros, pueda analizar correctamente el riesgo, realizar el cálculo de la prima y le permita decidir si asumirá o no.

Aquí quiero extenderme un poco más, porque este principio de máxima buena fe va de la mano con la omisión de información o declaración falsa en el llenado de la solicitud de seguro por parte del asegurado. Por ejemplo, para emitir una póliza de salud, es obligatorio llenar el cuestionario completo con relación a antecedentes y patologías de todas las personas a asegurar.
La declaración falsa, inexacta, omisión, reticencia o simplemente la simulación de circunstancias que así se hayan hecho son causales de anulación de la póliza, porque de haber sido conocidas por el asegurador, quizás no hubiese emitido la póliza o la hubiese emitido bajo algunas condiciones especiales, con ciertas restricciones o simplemente la aceptan, pero ya estarían en conocimiento claro de todos los aspectos del riesgo.

Es un mito pensar que porque una persona fue operada o tenga una patología debe ocultar o mentir en la solicitud, por miedo a no ser asegurado. Inclusive, en oportunidades los mismos asesores pueden convertirse en cómplices al no realizar todas las preguntas de los cuestionarios al solicitante, o sencillamente son complacientes para favorecer a algún cliente, por el volumen de trabajo, la rapidez con la que nos lleva la tecnología o el descuido de un equipo de trabajo. Se tienden a omitir detalles en el llenado de la solicitud que en muchísimas oportunidades declararlas no cambian el riesgo, pero si pueden causar malestares o malos entendidos entre el asesor, el asegurado y la aseguradora al momento de un reclamo.

En conclusión, la vida te da la oportunidad de dejar huellas, buenas o malas, a nuestros hijos, familiares y amigos. Tomemos como principio de vida la máxima buena fe en nuestro andar y escojamos siempre la verdad, cueste lo cueste.

Jose Luis Camejo Leal
www.jlcamejo.com

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